Bandera por Sofía Dourron

Bandera

Sergio Avello, Bandera, 2003-2006-2017

Reconstrucción realizada por el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires para la exposición retrospectiva Sergio Avello: joven profesional multipropósito, 2017

A comienzos de los 2000, la pintura abstracta y lúdica de Sergio Avello se trasladó a una especie de juego de disfraces cuyo personaje predilecto era el símbolo patrio por excelencia: la bandera. La crisis que hizo temblar al país en 2001 resonó en muchxs artistas como un llamado a la acción, a reaccionar y operar sobre la realidad. Avello, como siempre, optó por un camino tangencial: trasladó sus planos de color y los superpuso a la bandera de Estados Unidos confeccionada en cuerina, regalándole así un montón de nuevas identidades: la primera fue negra y se llamó Oro negro (2003), a la segunda le puso estrellitas rojas y la llamó Comunisti (2003), luego fue roja y la llamó Anarquista (2004), la última la hizo rosa y la llamó Peste rosa (2006). Finalmente, ante un nuevo cisma financiero global, superpuso los colores de la bandera argentina sobre las bandas y estrellas norteamericanas, para crear Argentina, hay quien te ama y hay quien te USA (2008). La bandera argentina se repite una y otra vez, en cuero, en corderito, en esmalte, en tubos de luz, como una canción que Avello no podía sacarse de la cabeza. Todas se ríen irónicas y juguetonas como Avello, cuyo compromiso político fue siempre elusivo, pero que a su manera logró vehiculizar la temperatura del país, la tragedia social que inundaba las calles en el 2001, las medidas asfixiantes del FMI, el dominó de ministros de economía, los conflictos bélicos que explotaron en todo el mundo, la explosión de la burbuja.

Esa actitud había hecho su primera aparición en 1989, en plena hiperinflación, cuando creó un mapa de la Argentina con pequeños cuadritos de colores en la galería de Adriana Rosenberg. En ese momento Avello hizo de una Argentina en crisis una Argentina de papelitos de colores, decorativos, bonitos, livianos, pero fragmentada y muy frágil. En 2003 creó una Argentina que agonizaba, pero que nunca se apagaba, y la presentó en la 4° Bienal do Mercosul. Bandera es un enorme emblema de tubos de luz fluorescentes, de cuatro metros de alto y siete de largo, cuya luz intermitente invade todo el espacio. Años después recreó esa misma obra en el Palacio de Correos de Buenos Aires, donde el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires organizó la muestra Estudio Abierto. Sin presupuesto ni recursos, Avello se robó todos los tubos que encontró en el antiguo edificio y creó una nueva versión, local y cartonera. Avello logró erradicar el peso de las cosas, sus obras se niegan a ser terrenales incluso cuando se anclan en un signo.

Hoy, frente a una nueva crisis que hace temblar al mundo en todas sus escalas, comenzando por sus cimientos capitalistas-coloniales, hasta lxs cuerpxs individuales recluidos y vigilados, pensamos otra vez junto con la bandera de Avello. La bandera que aparece y desaparece, que cambia de forma de manera continua, que se deshace, que se nos escapa entre los dedos y de golpe nos ciega con su luz. Pensamos en lo endeble del símbolo como entidad fijada en el tiempo y lo efímero de las definiciones de todo aquello que contiene—un territorio, una nación, múltiples pueblos. Pensamos en la fragilidad de los límites que representa, de las fronteras cada vez más herméticas que delimitan el territorio de un país, que incluyen y excluyen de acuerdo a una determinada temperatura política, pero también la de todas las fronteras que delimitan nuestros movimientos y nuestras identidades: fronteras racializadas y sexualizadas, de clase y de género, y un sinfín de barreras más que restringen la libre circulación de lxs cuerpxs y del pensamiento. En su libro de 1987 Borderlands/La frontera: The New Mestiza, la poeta y activista chicana Gloria Anzaldúa escribió: “Una frontera es una línea divisoria, una fina raya a lo largo de un borde empinado. Un territorio fronterizo es un lugar vago e indefinido creado por el residuo emocional de un límite artificial. Está en un estado constante de transición.” Entonces, hoy, desde donde sea que estemos recluidos podemos mirar nuevamente la bandera de Avello y, mientras se prende y se apaga, pensar: ¿para qué nos sirven hoy las fronteras? ¿hemos realmente alguna vez circulado libremente? ¿qué pasará con este antiguo residuo después de la pandemia?

Antes de morir Avello hizo una última obra junto con su amigo Daniel Joglar. Con tinta china, marcadores y lápices de colores, dibujaron Argentinas que se mueven y se multiplican sobre el papel. Los dibujos crean un efecto óptico ilusorio, las miramos y pensamos que el mapa se mueve realmente, que cambia de forma, que crea olas. Es una Argentina que rompe sus propias fronteras y se transforma.

Sofía Dourron
Curadora de la exposición Sergio Avello: Joven profesional multipropósito (Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, 2017)
Abril 2020