Dos películas de Adrián Villar Rojas

The Most Beautiful Moment of War [El momento más hermoso de la guerra] (2014/2017) y
The War of the Stars [La guerra de las estrellas] (2018)

Los días 14, 15 y 16 de agosto el Museo Moderno presenta la experiencia fílmica de Adrián Villar Rojas en la zona desmilitarizada entre Corea del Sur y Corea del Norte (DMZ), lugar de frontera donde el artista desarrolla un proyecto “eterno” desde 2014. Ambas películas, que se resignifican mutuamente y generan una experiencia en común, podrán verse por primera vez en la Argentina –y en varias partes del mundo- a través del canal de Youtube del Museo.

The Most Beautiful Moment of War (El momento más hermoso de la guerra) y The War of the Stars (La guerra de las estrellas) son dos películas de Adrián Villar Rojas que tienen una duración idéntica: 55’31’’. Fueron filmadas con cuatro años de distancia pero en el mismo sitio: el pueblo de Yangji-ri, adyacente a la zona desmilitarizada que separa una Corea del Norte aislada del mundo occidental y sus consumos mediáticos y su híper-conectada hermana del Sur. Una frontera geopolítica únicamente permeada por el sonido transmitido, de un lado al otro, mediante altoparlantes, como si se tratara de un partido de tenis transtemporal entre la propaganda comunista y el K-pop.

En la primera película, Villar Rojas filmó en 2014 un retrato de la comunidad donde participaron todos los habitantes de Yangji-ri, en su mayoría granjeros que superan los 80 años y lucharon en la Guerra de Corea entre 1950 y 1953, donde se enfrentaron ambas naciones. Los créditos finales de la película –corriendo sobre la cartografía de la nueva DMZ- incluyen a toda la comunidad, y resultaron ser el primer censo en la historia de una aldea que hasta 2012 había estado bajo estricto control militar. Junto a ellos, Villar Rojas exploró una sensibilidad líricamente extrañada, que recoge momentos de sus vidas cotidianas interviniéndolos con esculturas, presencias y pequeñas intromisiones provenientes de la ficción, surgidas en la convivencia entre la comunidad y el artista y sus colaboradores (extranjeros a la cultura y los códigos del lugar). Como un teatro de lo real, sin una pretensión documental clásica ni un relato ficcional claramente organizado, la obra captura la memoria emocional del pueblo a partir de personajes reales que ocupan un espacio y un tiempo concretos, pero que parecieran ligeramente desligados del presente.

En 2018, Villar Rojas volvió a Yangji-ri para mostrar la película a sus habitantes y aprovechó la situación para rodar un segundo film donde dos personajes de ficción van mostrando la obra realizada en 2014 a la comunidad a través de distintos dispositivos (celulares, laptops, televisores). Al mismo tiempo, el artista agregó un bucle más a la ecuación de tiempos y espectadores: dentro de la ficción de la segunda película (que incluye a la primera) vemos cómo la misma está siendo proyectada en el futuro –o en una dimensión paralela- a una comunidad de mutantes que vive encerrada en un hermoso cine-teatro vintage. En la actualidad, este cine es una reliquia histórica de la ciudad de Gwangju. Todavía preserva las marcas y la energía de un siglo de historia coreana: desde los 35 años de ocupación japonesa –por ejemplo, conservan aún los palcos reservados para los censores del Imperio japonés-, pasando por la dictadura de Chun Doo-hwan (sostenida por los Estados Unidos durante la Guerra Fría), hasta el espíritu revolucionario del levantamiento popular de 1980 (que terminó en un genocidio pero que habría sido el primer paso para la recuperación democrática que llevaría 7 años). Los mutantes de Villar Rojas son espectadores del film de la comunidad de Yangii-ri, así como la comunidad es espectadora de sí misma en la primera película, compartiendo todos un mismo rol con la audiencia real en un laberinto de observaciones y escuchas entre grupos. Estos mutantes son seres destinados a ver perpetuamente a otros seres verse a sí mismos, como un juego en el que todos estamos observando al otro a través de pantallas, convirtiéndose este gesto en una reflexión que cobra una nueva potencia en este momento de pandemia y aislamiento.

En su primera presentación en la Bienal de Gwangju de 2018 ambas películas de idéntica duración de de 55’ 31´´ fueron proyectadas a distintos lados de un muro dentro de un inmenso gimnasio. Los sonidos traspasaban de un lado al otro, replicando la batalla de altoparlantes entre las dos Coreas dentro de la zona desmilitarizada. Pero, como estos dispositivos fueron desinstalados ese mismo año, la disposición de la instalación en la Bienal convierte también a las películas en documento de una guerra sonora que hoy ya no existe. Con el sonido sincronizado, era posible escucharlas en armonía o contaminándose de forma programada, mientras los espectadores se movían por el espacio para ver alternadamente uno y otro film. La edición, montaje y postproducción integral de The War of the Stars fueron realizados en base a la premisa de articular su sonido con el de The Most Beautiful Moment of War para, instalación mediante, reconstruir la experiencia de la DMZ como espacio sonoro. De este modo, Villar Rojas utilizó el sonido con el objetivo de recrear el impacto físico que implica la tensión invisible de una frontera en litigio. Es decir, percibir una frontera con todo el cuerpo.

En el marco de la programación virtual del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, durante agosto 2020 el equipo curatorial del museo aborda diversas formas de pensar la “Comunidad” y ofrece, junto a Rei Cine y a Villar Rojas y su equipo, abrir otro bucle temporal para que un nuevo grupo de espectadores experimente ambas películas. Aislados frente a las pantallas hogareñas durante estos tiempos de cuarentena, pero con la libertad de diagramar distintas formas sensibles de percibir el tiempo y el sonido de ambos films, cada espectador podrá optar por ver primero una película y después otra, o hacerlo en simultáneo con un computadora y un celular, probar qué pasa con dos laptops dándose la espalda o proyectarla en el living y hacerla correr en una tablet desde la cocina. The Most Beautiful Moment of War y The War of the Stars adquieren hoy una nueva potencia al indagar sobre el tiempo, en momentos en los que se cancela aún más el ejercicio tradicional de su percepción mediante el cual pensábamos la historia y el porvenir. Esta experiencia artística nos invita a repensar la comunidad en momentos de distancia y aislamiento social y a abordar un problema de fronteras que actualmente invade todos los aspectos de nuestra vida: los límites entre lo humano y animal, lo público y privado, lo real y virtual, el estado nacional y la comunidad global. Las películas narran la historia de un punto en el planeta en el que late una memoria extrañada. Esa memoria aloja hoy una ficción del mundo expandiéndose en proyecciones, dentro de proyecciones, dentro de proyecciones.

Javier Villa

Adrián Villar Rojas (Rosario, 1980) construye sistemas-mundos inmersivos, situados y perecederos; crecen, toman caminos impredecibles y, finalmente, desaparecen. La materia en el espacio-tiempo (entidades cronotópicas) es el núcleo del que florece una praxis porosa, fundada en la idea de colaboración in situ entre su equipo y diversos actores locales. Entre sus más recientes exposiciones individuales se encuentran: Poems for Earthlings, Oude Kerk, Ámsterdam (2019); The Theatre of Disappearance, The Geffen Contemporary MOCA, Los Angeles (2017); Fundación NEON en Observatorio Nacional de Atenas, Atenas (2017); Kunsthaus Bregenz, Bregenz (2017); y The Metropolitan Museum of Art, Nueva York (2017). Entre sus exposiciones grupales se incluyen: 12ª Bienal de Gwangju, Corea del Sur (2018); 14ª Bienal de Estambul, Turquía (2015); 12ª Bienal de La Habana, Cuba (2015); 12ª Bienal de Sharjah, Kalba (2015); dOCUMENTA (13), Kassel y Kabul (2012); The New Museum Triennial, New York (2012); y 54ª Exposición Internacional de Arte: Biennale di Venezia, Pabellón Nacional de Argentina, Venecia (2011).