Cotelito: Vuelvo como un jardín después del invierno

Una enredadera brota de las paredes y rodea todo el espacio ante la presencia de criaturas amigables. Un nuevo paisaje, extraño y dulce a la vez, sugiere un presente gobernado por la naturaleza y lo desconocido. En un momento extraordinario como el actual, Cotelito crea esta fábula alienígena con un clima lleno de júbilo y picardía.

El pensamiento visual del artista proyecta una idea del arte concebido como un medio para pensar lo imposible. Tan solo un año atrás, Cotelito presentó una exposición llamada Lo que vendrá, que incluía una serie de pinturas en las que imaginaba un porvenir a través de pequeñas escenas surreales y metafísicas. Un repertorio de figuras biomórficas posaban en solitarios horizontes. Aunque coloridas y encantadoramente sintéticas, las imágenes revelaban cierta melancolía. Formas de gotas que se confunden con perlas o un monstruo parecido al anís estrellado, sus personajes ‒con mínimas gestualidades‒ provocaban simpatía. Por entonces, hablar de futuro era un ejercicio de la imaginación.

En este invierno, la realidad se impuso de modo intempestivo y presenciamos el mundo con extrañeza. Vimos tal cantidad de imágenes de la naturaleza recuperando sus espacios ‒animales desplazándose por territorios libres de humanos, paisajes limpios del ruido urbano‒ que las escenas de las narrativas fantásticas se fundieron en un mismo plano con los acontecimientos reales. En el contexto de la reapertura del Museo Moderno, invitamos al artista a realizar una obra mural específica para el espacio del Café y la librería.

Cotelito asume el rol de médium y recupera algunos personajes de aquella exposición para componer una historia que tiene a la institución como protagonista: imagina los sueños que el museo tuvo durante este invierno. Representado por la planta, el pensamiento del museo se expande con naturalidad y abraza las obras de las salas, mientras unas criaturas alienígenas parecen estar de visita. Algunas hacen piruetas, otras contemplan las obras; estos seres tiernos sugieren reimaginar la visita al museo como un paseo despreocupado. En sintonía con las maneras en las que los niños experimentan la relación con el mundo, el artista se concentra en el valor de la espontaneidad para enlazar percepciones y estímulos sin jerarquías.

Entonces, la obra de Cotelito se abre como un recurso para el bienestar, un lugar donde la ensoñación convive de manera inocente con la realidad. Para él, dibujar y pintar son formas continuas de pensar. Desde los bocetos hasta la realización del mural despliega lo esencial de su trabajo: la confianza en una poética accesible. Extendida sobre el plano como una planta trepadora, la pintura se apropia del espacio, hace sombra en los rincones e integra con gracia un jardín.

Cotelito (CABA, 1983): Estudió Artes Visuales en la Universidad Nacional de las Artes y cursó el Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella. Realizó exhibiciones individuales en diferentes galerías de la ciudad, como Moria Galería (2018) ; Piedras Galería (2017); Galería Atocha, Mundo Dios (2016); Naranja Verde (2014); Rayo Lazer (2014) y en el Centro Cultural Recoleta (2010). Ganó el premio Estímulo del Salón Nacional de Rosario en 2019 y el Primer Premio del 12°Concurso Nacional UADE de Artes Visuales en 2017. Entre las exposiciones colectivas en las que participó, se destacan Geometría Pueblo Nuevo , Piedras Galería (2018); La sonrisa del alma sin dientes, Alimentación General (2018); Limonale, Künstlerhaus Vorwerk-stift, Alemania (2018); Cuánto dura un minuto, Museo del Libro y la Lengua (2015); Bienal de arte Joven de la Ciudad de Buenos Aires (2015), y Curriculum 0, Galería Ruth Benzacar (2008). Desde 2010 dicta talleres de dibujo experimental en diferentes espacios de arte contemporáneo. Vive y trabaja en Buenos Aires.