Episodio Colección Pirovano IV

A través del cosmos. Correspondencia entre Georges Vantongerloo e Ignacio Pirovano

“Estoy muy conmovido por tu deseo de poseer algunas de mis obras. Por lo tanto, te envío por el mismo correo unas maquettes,
porque no dispongo de ciertas fotos, y también artículos. Tú elegirás en el montón lo que te convenga…”
Carta de Georges Vantongerloo a Ignacio Pirovano, París, 26 de enero de 1956

El coleccionista argentino Ignacio Pirovano (1909-1980) y el artista belga Georges Vantongerloo (1886-1965) se conocieron en París en mayo de 1950 y desde ese primer encuentro se consolidó una fecunda amistad. Pirovano coleccionó la obra de Vantongerloo y difundió sus escritos, que resultaron clave para la formación de los artistas abstractos argentinos de finales de los años cincuenta. Esta exposición presenta obras, cartas, textos y fotografías que permiten reconstruir la relación entre el artista y el mecenas y los diálogos de esa amistad. Este conjunto de ocho piezas de Vantongerloo —el más importante del artista en Latinoamérica— se expone junto con una selección de fragmentos de la correspondencia entre Vantongerloo y Pirovano. Las cartas incluyen pensamientos estético-filosóficos, cuestiones técnicas de la producción artística, vicisitudes acerca de la compra de las obras y de su traslado a Buenos Aires y hace referencia a las visitas de artistas argentinos en París. En suma, esta amistad está en la base de la formación de la colección de Pirovano, hoy patrimonio del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.

A Pirovano le interesaba incorporar piezas de la trayectoria completa de Vantongerloo a su colección de arte abstracto internacional. Las obras de este conjunto, exhibido aquí en su totalidad, trazan un recorrido por las distintas etapas de su producción, en las que puede apreciarse su interés en el cosmos, lo infinito, lo inconmensurable. Estos conceptos tomados de la ciencia demarcan su campo de investigación en torno a la infinitud del universo. Su ambición de hacer visible lo invisible es una indagación presente tanto en las superficies blancas con líneas curvas de los años cuarenta, como en las construcciones de alambre y experimentaciones con acrílico. En la correspondencia con Pirovano, Vantongerloo señalaba: “lo finito es un estado, un momento dado del infinito, y todo esto tiene su lado bello”. .