Serotonina

Minirecital de Leo Maslíah

El inclasificable escritor, músico y compositor uruguayo presenta un mini show realizado especialmente para el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires desde su casa en Montevideo. Textos y canciones en las que, con su humor inteligente, cruza una mirada siempre experimental y curiosa con la cultura popular, la composición clásica y contemporánea, la interpretación exquisita y la palabra que desarticula la mecánica de las frases y el sentido con una mirada tiernamente feroz.

En febrero 1962, Alberto Greco fue invitado a participar en París de una
exposición dedicada a presentar treinta artistas argentinos “de la nueva
generación”. Su obra consistió en presentar treinta roedores malolientes
en una caja y la tituló 30 ratas de la nueva generación. Así, con la
contundencia insolente y reveladora de un chiste, surgía su “arte vivo”.
El mismo espíritu de juego con las palabras y los conceptos del que se
valió un artista inseparable del humor como Federico Manuel Peralta
Ramos cuando, en 1974, hizo realidad “el inconsciente colectivo del país”
al vender en una exposición la réplica de un buzón de esquina. El humor
como estrategia para criticar los lugares comunes de la institución artística
y la sociedad es un elemento central de la vitalidad del arte.

¿Pertenece el humor al arte?, ¿es posible el arte sin humor? En su
célebre ensayo sobre La risa, el filósofo Henri Bergson señalaba que la
comicidad es estética en sí misma, ya que “nace en el preciso instante en
que la sociedad y la persona, liberadas de la preocupación por su
conservación, empiezan a tratarse a sí mismas como obras de arte”.
Según Bergson, la risa es el medio por el que la humanidad se libera de
la rigidez del cuerpo y el pensamiento que sobreviene en la conservación
de la seguridad, en la lucha por la supervivencia y el temor ante la tragedia.
Para Freud, el humor era una estrategia para liberar las tensiones de una
verdad oculta y reprimida en el inconsciente. A partir de estas ideas, es
difícil imaginar una experiencia humana que tenga tantos puntos en común
con las estrategias del arte contemporáneo: la crítica a lo establecido y la
desacralización de lo solemne, la aparición de lo inesperado que crea
nuevos sentidos, la reorganización de las leyes del mundo, la búsqueda
de una verdad que la superficie de las imágenes cotidianas oculta. Sin
cierto grado de parodia, ironía, o al menos un libre juego con las formas
consagradas por la tradición, es difícil imaginar la aparición de formas
nuevas y de pensamientos originales que nos permitan ver en el presente
lo que aún no podemos comprender.

La potencia del humor en una imagen como la de Asado en Mendiolaza,
de Marcos López, aparece en la parodia a una de las obras más canónicas
de la historia del arte occidental para discutir con un modelo de belleza
endurecido y ofrecer uno nuevo, pero también recupera una verdad perdida
al desacralizar la imagen religiosa y reencontrar el sentimiento profano de
una “comunión” de la amistad, olvidado bajo su manto solemne. Aún una

Eguia

Fermín Eguía, La gripe del chancho, 2009, tinta sobre papel, 22 x 18 cm

obra de una crítica tan mordaz e incisiva a la civilización occidental como
la de León Ferrari sería imposible sin el gesto humorístico que pone a los
poderosos de la historia en un lugar inesperado, junto a objetos que
desacralizan sus símbolos e imágenes que les hacen decir lo que quisieran
negar.

Ante la rigidez, la cerrazón del pensamiento, la solemnidad del poder, el
humor ofrece un nuevo espacio de libertad; por ello, en palabras de Mijail
Bajtin, “la risa nunca pudo ser convertida en un instrumento de opresión o
embrutecimiento. Nunca pudo oficializarse, siempre fue una arma de -
liberación en las manos del pueblo”. Cuando el arte pone el mundo patas
arriba y alcanza esta misma libertad, se hermana con el humor en la
búsqueda de la belleza perdida de la humanidad.

Fermín Eguía desde su taller

Imágenes del fin del mundo y el arte superviviente

Poeta y dibujante, Fermín Eguía es, en un sentido, un artista del canon de las
bellas artes. Sin embargo, su obra se le enfrenta volviéndose cuestionadora de
este legado. La lógica de imagen tropieza con el enrarecimiento de los objetos
y ambientes cotidianos representados, así como con la palabra que aparece
por ahí agazapada en una leyenda, cartel o apunte… A partir de estos deslices
de sentido es que se enciende la chispa hilarante de la obra. La cita erudita, la
metáfora risueña, la ironía maliciosa son los recursos que Eguía utiliza no solo
para no volverse solemne con el arte y su historia, sino más bien para especular
sobre su muerte. Su original universo, desplegado a través del virtuoso manejo
de la técnica de la acuarela, lo conforma una fantasiosa (y mordaz) iconografía
de seres narigones y dientudos, insectos-coches, panes y teteras a los que les
crecen pies y manos. Este extrañamiento traza una continuidad de energías que
comunican a Eguía tanto con el surrealismo y la pintura metafísica de los años
30 como con los pintores flamencos medievales como Hyeronimus Bosch.

Fermín Eguía nació en 1942 en Comodoro Rivadavia, provincia de Chubut, y actualmente
vive y trabaja en Buenos Aires. De joven estudió en la Escuela Municipal de Artes y Oficios
de la ciudad de Bs As y en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Muy cercano a la grabadora
Aída Carballo, se convirtió en su discípulo. Desde 1965 expone regularmente en Buenos
Aires y, a partir de 1976, realiza numerosas muestras colectivas en el exterior. Sus
temporadas en el delta de Tigre inspiraron la mayor parte de sus paisajes fantásticos. En
sus paisajes urbanos se reconocen las ciudades de Buenos Aires y Montevideo. En 2005
realizó una exposición retrospectiva en el Centro Cultural Recoleta, acompañada de una
significativa publicación. Obtuvo importantes premios a lo largo de su trayectoria, entre ellos,
en 2011 obtuvo el Gran Premio de Honor del Salón Nacional de Pintura.
Obras Eguía
1. El libreto, c. 2004, pluma sobre papel, 14.5 x 21 cm.
2. Paseo, c. 2000, gouache sobre papel, 23 x 31.5 cm
3. Murga, c. 1998, acuarela sobre papel, 48 x 56 cm.
4. Teatrum vinosum, c. 2006, lápiz color sobre papel, 26.5 x 36 cm.
5. Tertulia, sin fecha, lápiz sobre papel, 15 x 16 cm.
6. Julepes, c. 2005, lápiz color sobre papel, 25.5 x 37 cm.
7. El pintor, la muerte y el diablo, c. 2004, lápiz sobre papel, 21 x 14.5 cm
8. Que se lo lleve!, c. 2010, acuarela sobre papel, 18 x 24 cm
9. Sígueme!, 1996, acuarela sobre papel, 42 x 56 cm
10. Alada fama, 1987, acuarela sobre papel, 19 x 34 cm
11. Ex voto, 2020, acrílico sobre tela, 30 x 45 cm
Federico Peralta Ramos

   
   

A comienzos de la década del 70, cuando desde el CAyC se insistía en el arte de
sistemas y los artistas se basaban en la tecnología y en las matemáticas para construir
sus obras, Federico Manuel Peralta Ramos participaba en los sketches del programa
humorístico de Tato Bores. Desde allí, proclamaba poemas y aforismos, siempre con
la mirada perdida en un cielo invisible. Peralta Ramos llevó a la tv un modelo de artista
inaudito, que se desmarcaba de los artistas intelectuales y políticamente
comprometidos de las décadas anteriores. Un tipo de artista que, con un lenguaje pleno
de retruécanos, paradojas y ambigüedades, desestabilizaba la racionalidad de cualquier
discurso y ponderaba la convivencia de los conceptos más irreconciliables.

Alberto Passolini

Alberto Passolini
Yo soy aquel que no es Raphael, 2020
Intervenciones orales sobre fotografías biográficas
13:39 min
    

Es sabido que, de un tiempo a estar parte, todo artista debe tener un powerpoint
para mostrar su trabajo. Alberto Passolini construyó uno delirante que reflexiona
sobre la distancia, descubre sus estrategias de promoción artística e ironiza sobre
la exigencia de diseñarnos a nosotros mismos para las redes.

Alberto Passolini (Buenos Aires, 1968) es un artista visual autodidacta. Realizó varias
muestras individuales, desarrollando a partir del 2007 un ciclo en el que reflexiona
sobre la historia del arte argentino. Su trabajo se vale de relecturas de textos
historiográficos y de obras de arte emblemáticas. Simultáneamente trabaja en una
serie que explora la tensión entre caligrafía y dibujo, y la composición de patrones
cromáticos. Vive y trabaja en la Patagonia Austral.
Liv Schulman

Contar chistes en un contexto poco amable,
poco ambicioso pero exigente

Entre el stand up fallido, el tutorial de cocina y la teoría conspirativa, una mujer
con los ojos cerrados intenta contar cuatro chistes. En ellos, las relaciones
laborales que unen a los empleados con sus jefes, con sus compañeros y con
ellos mismos dan cuenta de estructuras de poder desquiciadas en las que la
opresión, la libertad, el deseo, la desaprensión y el amor se enrarecen y se
confunden en la misma medida en que el discurso de la oradora va perdiendo
foco y claridad comunicativa. Como en muchos de sus trabajos, Liv Schulman
muestra el proceso de debilitamiento de las competencias lingüísticas de un
personaje que va mermando su capacidad de comprensión y vinculación con
lo que lo rodea.

Liv Schulman
Contar chistes en un contexto poco amable, poco ambicioso pero exigente
Videoperformance 13:02 min
Playlist: Le son (reir)

   
   

El aporte de Escuchar [Sonidos visuales] para esta semana dedicada al humor
es ésta playlist centrada en el bloque estilístico rock/pop/electrónica y en el videoclip
como formato audiovisual y de difusión/promoción. Un recorrido que presenta
algunas piezas que han hecho historia y otras más recientes. Todas apelan al humor
-sutil o brutal, según el caso- como recurso de amplificación de sentidos. Danzas,
actuaciones, vestuarios, muñecos animados, efectos, sutilezas y algún que otro
detalle bizarro.

Curadores: Jorge Haro, Leandro Frías